VI. El estado y la construcción de identidad: papel de la escuela.

 

El estado y la construcción de identidad: papel de la escuela.

López-García. L.I. ESTUDIANTE LEIP

Resumen - La escuela es el escenario que permite al sujeto llevar a cabo un proceso de aprendizaje en donde el objetivo principal es que logre sus propios significados y la transformación que involucre la intersubjetividad, es decir, entender las mentes de otros por medio del lenguaje y otros medios. También este proceso de aprendizaje favorece la construcción de identidad individual y colectiva de los sujetos, y logra el desarrollo de un pensamiento autónomo, responsable que le facilitara ejercer sus derechos y la toma de decisiones que favorezcan el grupo al que pertenece.  La escuela se responsabiliza y responsabiliza a su educando moral, ético y políticamente en la transformación de las relaciones sociales para vivir en una sociedad digna, justa, incluyente y democrática.

Echavarría Grajales (2003) relaciona cuatro categorías que están implicadas en el desarrollo humano, establece la escuela, la socialización, la construcción de la identidad y la moralidad.

 Caracterización de la escuela.

La escuela se caracteriza a partir de tres reflexiones:

1)            Como escenario de formación y socialización. El primer escenario de formación se refiere a la  configuración de los elementos pedagógicos, metodológicos y estructurales propicios para la orientación de los procesos de enseñanza y aprendizaje, es su intención formadora hacer que lo aprendido sea significativo y transformado del actuar humano, que según Cortes (1999, pág, 40) citado por Echeverria (2003) permite la transformación del sujeto y propicia el desarrollo del talento como la herramienta para fabricar un conjunto de abstracciones sobre el mundo real y sobre sus propias idealidades, y al mismo tiempo, reconocer en las habilidades y destrezas diversas formas de racionalización que recrean y crean situaciones más propicias para el desarrollo humano. En el segundo escenario el de la socialización, determinado por el tipo de relaciones que configuran un espacio propicio para la interacción, la negociación y la objetivación de nuevos contenidos y sentidos sobre los cuales significar la identidad individual y colectiva de los actores implicados en el proceso de formación; Durkheim (1976) citado por el autor hace referencia a la socialización como el proceso de construcción de la identidad individual y a la organización colectiva.

2)       Relación entre escuela y construcción de identidad. La escuela debe ser un escenario de educación para la acción que según Barcena y Mitch (1997) citados por el autor configura la pluralidad, imprevisibilidad, novedad, irreversibilidad y narración, que permite la construcción de la identidad, referido como el proceso a través del cual los sujetos, hombres y mujeres, se hacen individuos únicos, negocian sus diferencias con otros y otras diferentes, y constituyen marcos comunes que les permiten cohabitar conjuntamente un espacio cotidiano, histórico y cambiante.

3)         Relación entre formación, socialización, moralidad y ciudadanía. La escuela, que tiene la corresponsabilidad ética, moral y política, responde a la formación ciudadana desde la estructuración de un pensamiento autónomo que habilita a los sujetos para vivir sus derechos y asumir responsablemente sus deberes, se funda la convivencia como una expresión de la autonomía, la libertad y la dignidad humana. En la escuela se da el direccionamiento de procesos pedagógicos para el desarrollo de competencias afectivas, cognitivas, comunicativas, éticas, morales, políticas, entre otras, que aporten a la constitución de un sujeto que trae consigo una biografía, se hace presente en un tiempo y espacio específicos, plantea unas perspectivas, toma múltiples decisiones, construye historia, convive, es decir, un sujeto que se constituye como tal, en primer lugar, en el reconocimiento de lo que es y en la visibilidad de su subjetividad manifiesta en sus valores, conceptos, sentimientos y actitudes; en segundo lugar, en la identificación incluyente de la presencia de otras subjetividades, a partir de la cual hace una lectura comprensiva de lo que es diferente a él y, por consiguiente, visibiliza otros sujetos que plantean, como él, sus propias biografías, historias, certezas, decisiones, valores, sentimientos, tipos de convivencia, escuelas subjetivadas y deseos profundos de ser reconocidos en sus expresiones y diferencias; en tercer lugar, en la distinción crítica de los marcos culturales, ideológicos y sociales reconocidos como principios y potenciadores de desarrollo personal y social; en cuarto, y último lugar, en la obligatoriedad de negociar responsablemente lo diferente a partir de la explicitación de los mínimos valores morales y políticos que subyacen a la argumentación y justificación de la acción moral, ética y política propias de una adecuada convivencia.

Interacciones sociales en la escuela.

Las interacciones sociales juegan un papel determinante en la escuela es ahí donde se los sujetos tienen una confrontación continua con sus pares, sus maestros y otros agentes de socialización. Se producen intercambios humanos intencionados al aprendizaje de nuevos conocimientos, al desarrollo de competencias cognitivas, socio- afectivas, comunicativas, etc. y a la construcción de la identidad de los sujetos como individuos y de la escuela como comunidad que convoca y genera adhesión. A través de la interacción con otros es como los sujetos en formación examinan, conocen y viven la cultura, elaboran concepciones del mundo, establecen diversos tipos de relaciones y acceden a sus lógicas.

Según Durkheim (1976) citado por el autor, se han de estructurar nuevas prácticas culturales del reconocimiento del otro, en la construcción de argumentos colectivos de inclusión de la diferencia y en la constitución de marcos comunes para vivir la equidad.

La escuela es el escenario del reencuentro, la producción y el intercambio de formas de pensar, sentir y habitar el mundo; en ella se constituye un universo de culturas e identidades que exigen la configuración de espacios que acerquen las diferencias y que excluyan aquellas certezas absolutas.

Identidad individual y colectiva.


En construcción de identidad los sujetos logran elaborar los significados de existencia que han movilizado su historia y han mediado su accionar hacia la configuración de una forma particular de habitar, sentir, vivir y pensar el mundo de la vida. Así mismo, en la construcción de la identidad el individuo configura formas legítimas de convivir y organizar el mundo vital para reestablecerlo, si así lo quiere, como un espacio de calidad de vida, un espacio vital de la relación y continua interacción, un espacio para vivir la diferencia y el reconocimiento. La identidad individual es un proceso orientado a configurar un sujeto autónomo, y está determinada por desarrollo de capacidades cognitivas, lingüísticas e interactivas, según Habermas (1983, p. 14) citado por el autor, y éstas permitirían a las personas delimitar sus subjetividades frente a la objetividad de una naturaleza exterior perceptible, la normatividad de la sociedad y la intersubjetividad del lenguaje; esto equivale a un acto mental de interpretación y desentrañamiento de las relaciones entre lo subjetivo, lo objetivo y lo intersubjetivo, en términos de diferenciación en cuanto a lo propio de cada ser y de inclusión en cuanto a la identificación de prácticas, argumentos, simbologías, normas, principios y valores que convocan y constituyen una identidad colectiva.

En el mundo de la vida se delimita el espacio de lo individual y lo colectivo que reclaman la emergencia de un sujeto que se hace en la interacción con su mundo y que a través del lenguaje ha ido y está objetivando nuevas formas de habitarlo, es decir, nuevos contenidos para leer la interacción y para justificar la construcción de un espacio vital que reivindique la humanidad en el reconocimiento del sí mismo y del otro como un todo legítimo y lleno de sentido.

Relación existe entre la construcción de identidad y la formación ciudadana.

El sujeto moral se constituye como tal en la interacción continua con otros, en la discusión constante de los marcos valorativos, normativos y de principios morales que median la convivencia, y en la conformación de un espacio democrático que permita la confrontación de los diferentes argumentos, actitudes y sentimientos asumidos por cada uno de sus implicados, como justificaciones y formar de pensar y actuar moralmente.

La formación ciudadana, la cual contribuye a la adquisición de unas habilidades, destrezas, competencias, actitudes, argumentos y sentimientos humanos que permitan a las personas (niños, niñas, jóvenes, maestros y demás adultos implicados en la formación y socialización) pronunciarse, evidenciarse e involucrarse en las decisiones que afectan sus vidas. Lo que implica el reconocimiento de la capacidad que tienen los sujetos de pensar por sí mismos (posibilidad que tiene el sujeto de percibir y representar en su estructura interna la estructura del mundo objetivo), de actuar al mismo tiempo de manera concertada y colectiva y de asumir responsablemente las consecuencias de sus actos, es decir, de hacer un reconocimiento explícito de los derechos que posee y poseen los otros y de asumir responsablemente los deberes que lo involucran como directo responsable de la convivencia. El ejercicio de la ciudadanía supone el desarrollo de unas competencias, sobre cinco dimensiones básicas de lo humano que definen los contenidos teóricos sobre los cuales orientar los procesos de formación y cualificación de las prácticas ciudadanas: una afectiva, una ético–moral, una creativa, una política y una comunicativa que integra las anteriores.

Referencias.

Echavarría Grajales, Carlos Valerio (2003). La escuela un escenario de formación y socialización para la construcción de identidad moral. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 1(2), .[fecha de Consulta 19 de Mayo de 2020]. ISSN: 1692-715X. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=773/77310205


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